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Leo en los periódicos que ‘Rosario, la dinamitera’ ha muerto y no puedo por menos que contaros esta historia. Mallorca, campamento CIR 14 en 1975, último año de vida del dictador Franco y el de sus últimos fusilamientos. Cada noche, después de tocar el silencio trompetero, una voz bella y recia, en el dormitorio de la compañía, recitaba: “Rosario/Rosario la dinamitera/sobre tu mano bonita/...” Ese bello poema se coló en más de 200 reclutas y en algunos oficiales, pero debido a la ignorancia impuesta en la larga noche del franquismo dicho poema pasó desapercibido en los primeros días. Yo, amante en la clandestinidad de la obra y vida de Miguel Hernández, alerté al rapsoda nocturno de las consecuencias que le podría acarrear si algún oficial o chivato descubría la procedencia de dicho poema. Este rapsoda, un maestro de escuela de Almería, me hizo caso y durante varios días dejó de recitarla. Pero tal fue el éxito que tuvo el poema entre la tropa, y de la forma tan bella como lo recitaba, que a mi amigo el maestro no paraban de pedírsela: ¡Gigi, recita ‘Rosario la dinamitera’! Él, por lo comentado, daba largas y callaba. Hasta que un buen día llegó a oídos de un oficial la fama del rapsoda y casi le obligó a recitar el poema ante los doscientos reclutas, el maestro rapsoda intento disuadir al oficial para que no le obligara a ello ya que el poema era de un poeta de la guerra civil y a lo mejor no estaba bien visto en el ejército. El oficial, que nunca oyó hablar de Miguel Hernández, le ‘ordenó’ que lo recitara. El maestro de escuela, ante lo que se avecinaba, se armó de valor y lo recitó entero. Se pueden imaginar la escena: Los aplausos aún los puedo recordar y también la cara que se le quedó al oficial. Lo llamaron, al rapsoda, y le prohibieron, terminantemente, que dicho poema se escuchara en todo el campamento. La sorpresa mía fue saber que ‘Rosario, la dinamitera’ todavía seguía viva en el 2007, cuando todos pensábamos que había muerto o la habían fusilado como a otros cientos de republicanos. Sea este recuerdo un homenaje a ella y a mi amigo maestro almeriense del que no recuerdo su nombre.
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